
Hace tiempo que no surge mi continua línea del delirio,
ignorando los efectos producidos en mi mente,
y delineados por esta fuerte decepción,
"Soy el viajero en un tornado de ansiedad"
que nace de las impresiones retocadas por un cincel que resquebraja lentamente mis entrañas.
Es el viaje que no anuncia un regreso sin penuria,
situación que los seres maximizan como tragedia en el mayor de los casos,
retornando al origen de una partida tormentosa.
Un cubículo de cuatro paredes,
una quinta que se abre lentamente,
cubierta de lágrimas,
donde solo existe una sola verdad al gran vacío que se extiende cuando los recuerdos duelen como una yaga cistalina por la sal,
porque la autenticidad del dolor está representada por la memoria de toda una vida en compañía.
Definitivamente aquí es donde la resignación requiere de un gran esfuerzo para llegar,
para instalarse en lo más profundo del alma y su experiencia,
alma vieja que recibe el impacto de la muerte,
silueta en movimiento por la niebla que congela,
el adios de un compañero su motivo en existencia,
es la guía que acompaña y con el tiempo tranquiliza.

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