Sin rumbo fijo, el viajero simplifica sus emociones.

...y exploras las calles, alucinante viajero, distante y errante recorres el verde jardín de los fantasmas.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Generala de mil batallas Parte II (A27)


Dedicado con amor, a la memoria de Anita Castillo Lozano (1920-2010)


-Madre de todos nosotros-



Generala de mil batallas



Jamás creí presenciar el momento para escribirte desde afuera,


porque me encuentro inmerso en el final de un ciclo y en el comienzo de una era.



Generala de mil batallas


Corres presurosa a recibir la llegada de un compañero eterno;


siempre orgullosa de tu terreno;


madre tierra que cobijas en tus entrañas la envoltura de una guerrera.



Generala protectora de tu gente


Guardiana de una pequeña estrella en su destino.


Pasión y coraje,


describen tu más arraigada personalidad desde los cerros y su arena cristalina.


"Jamás claudiques, porque los problemas están por todos lados"


porque la vida comienza para aquellos que pequeños recibieron tus cuidados tempranos.


Honor para quien honor merece,


pleitesía para quien lucha y aguanta los fuertes golpes que te despojan de lo más preciado,


que tarde o temprano otorgan revancha como recompensa al sacrificio y a la gran devoción que guardas.



Generala de mil batallas


En el seno de tus triunfos dedico estas palabras a tu memoria más lejana.


Libertad que yo te brindo, dedico el esfuerzo y la nostalgia de aquellos presentes para salvaguardar tu tributo.


No te preocupes viejita,


que los pendientes serán resueltos.


No llores más,


que tus ojitos se secarán y es que debes verte bella para quien espera por tí desde hace tres años.


Continuidad a tu legado es convicción,


la orden para quíen fiel te sigue a la batalla.


porque habremos de heredar aquello que edificaste con tanto esfuerzo en nuestro interior,


que difícilmente el tiempo extinguirá.


Porque los recuerdos compartidos son el refugio de nuestro anhelo.


Un fragmento de tu alma que permanecerá vigente más allá del tiempo y espacio reconocido.




Generala de mil batallas Parte I (A27)


...En el largo camino que el universo dispuso para ti, antes y después de encarnar a la mujer más fuerte que he conocido.



(I)


...Y me encuentro aquí, viviendo uno de los momentos más dolorosos de mi propia existencia, aunque uno de los más fascinantes.

Es curioso, Doña Anita estuvo presente físicamente casi todos los días de mi vida, hasta ahora;

y al igual que hace tres años, he podido presenciar algo tan extraordinario como inesperado.


Fue aquel Martes 14 de Diciembre del 2010 cuando llegué al hospital Adolfo López Mateos casi a las 11:00 de la mañana, encontré a mi tío sentado afuera del pabellón de urgencias; me comentó si quería pasar a verla. Debo admitir que dudé por un instante porque su apariencia me entristecía, pero finalmente decidí hacerlo.

Doña Anita estaba esperándome, encerrada en su propio letargo. Su cuerpo vislumbraba los efectos de las complicaciones desarrolladas días antes.

Cuando llegué frente a ella, pude notar en su rostro la quietud de la esperanza y la ansiedad de la demora, mi demora.

Estaba ahí, aguardando mi llegada.

A pesar de su inconsciencia física, ella era conciente en mi pensamiento. No dudé en postrar mi mano sobre su frente, pasando por su corta cabellera grisácea.

Acercándome lentamente, comencé a susurrarle al oído que ahí me encontraba, que todo iba a salir bien y que no se preocupara por los pendientes que aún tenía. Le dije que yo me haría cargo. Saqué una pequeña estampilla de mi cartera con la imagen de la Virgen Guadalupana y la metí entre sus sábanas para que la acompañara, aquella estampa me la había regalado un ser muy especial horas antes.

Fue así como inconscientemente comenzamos a preparar la salida triunfal de aquella guerrera de la vida, porque pronto estaría esperándola alguien que regresaba del tiempo y espacio distante.

En ese instante, me vi obligado a salir de la sala de emergencias porque estaba obstruyendo el espacio donde unas enfermeras realizaban su labor. Me dirigí a las afueras del pabellón cuando una voz interior comenzó a dictarme para la generala de mil batallas.

Transcurrió poco mas de una hora y fue a la 1:00 de la tarde que los familiares podían visitar y pedir informes sobre el estado de sus enfermos.

Cuando llegó mi turno, me dirigí a la cama número 3 donde se encontraba. Quería susurrarle al oído lo que había escrito durante la espera; cuando llegué, su cuerpo ya no estaba en la cama.

Pregunté a una enfermera y me dijo que buscara al médico responsable, cuando lo encontré, inmediatamente pregunté por Anita Castillo, en ese momento el me tomó del hombro y me dió la noticia de que mi generala había emprendido la retirada, curiosamente al mismo tiempo que yo estaba escribiendo el texto de su vida.

Finalmente comprendí que Doña Anita solo esperó a que llegara para despedirse; porque ella me amaba y necesitaba de mi ayuda para poder salir de la mano de mi abuelo hacia rumbo desconocido.

Al salir del pabellón pude asimilar con lágrimas en los ojos que mi escrito había servido como última remembranza dentro de la mente de Doña Anita en la víspera de su partida, y que necesariamente yo era el elegido para auxiliarla en aquella fuga, en el escape de su propio delirio físico. Con la energía de esta pluma y este papel envueltos en el amor por la mano de mi propio ser.

Curiosamente, casi siempre tuve la idea que cuando partiera mi generala, yo también lo haría al mismo tiempo, por ser tan grande nuestro vínculo entre abuela y nieto.

Debo reconocer que estaba equivocado por haber maquilado en mi memoria esta arraigada manifestación de apego; Doña Anita nunca fue egoísta y creo fielmente que esta es la lección más valiosa que pudo haberme enseñado, la de seguir viviendo a pesar de su ausencia física, porque aún me restan muchas cosas por hacer y no pienso defraudar a quien tanto me amó desde que nací.

Porque parte importante de ella es ahora mía.




lunes, 6 de diciembre de 2010

Despedida constante (A27)


Hace tiempo que no surge mi continua línea del delirio,


ignorando los efectos producidos en mi mente,


y delineados por esta fuerte decepción,


"Soy el viajero en un tornado de ansiedad"


que nace de las impresiones retocadas por un cincel que resquebraja lentamente mis entrañas.


Es el viaje que no anuncia un regreso sin penuria,


situación que los seres maximizan como tragedia en el mayor de los casos,


retornando al origen de una partida tormentosa.


Un cubículo de cuatro paredes,


una quinta que se abre lentamente,


cubierta de lágrimas,


donde solo existe una sola verdad al gran vacío que se extiende cuando los recuerdos duelen como una yaga cistalina por la sal,


porque la autenticidad del dolor está representada por la memoria de toda una vida en compañía.


Definitivamente aquí es donde la resignación requiere de un gran esfuerzo para llegar,


para instalarse en lo más profundo del alma y su experiencia,


alma vieja que recibe el impacto de la muerte,


silueta en movimiento por la niebla que congela,


el adios de un compañero su motivo en existencia,


es la guía que acompaña y con el tiempo tranquiliza.



Oculto en el ser (A27)


Inmersos en la profundidad de nuestro ser,

casi nunca pensamos en las consecuencias al realizar lo cotidiano.


Cuando el instinto flagela al rostro de la conciencia,

la existencia que anhela su propio extravío del sendero de la rectitud.


¿Para qué intentar llegar a la perfección si esta se acerca a través del error?


Lo incorrecto se torna correcto al transcurrir este prolongado distanciamiento entre pasado y presente inmediato.


Soledad que nace por una aferrada necesidad de compañía.


Inesperada autoayuda al buscar remedio del imperativo consejo de otros seres más preocupados por sobrevivir.


Un intento más para desahogar esta tristeza,

vieja inqulina de los ayeres más oscuros.


-Nos encontramos ocultos en el ser-


Autocompasivo consuelo en una tormenta invisible a los ojos de los demás,

aquellos que por fuera ríen y que por dentro lloran desconsolados.


Desesperados por salir,

nos resigna la rutina repetitiva de esta función terrenal;

y a la vez nos entusiasma una salida tan incierta como obligatoria:


La muerte.