
Bicentenario mexicano,
celebración esperada por tantos seres inmersos en la pobreza y algunos otros en la opulencia.
En plenitud y decadencia,
la mayor parte del México contemporáneo "celebra" este bicentenario.
Son los héroes que nos dieron patria,
los que ya se encuentran ausentes desde hace poco menos de doscientos años,
bien o mal, sus nombres son escritos y pronunciados en la actualidad de nuestro tiempo.
Momentos lejanos con similitudes en el desgaste y las heridas manchadas por la sangre;
tiempo distante con diferencias marcadas en la construcción de una nación,
una lucha que casi siempre representó los intereses de los marginados y la condena de los oprimidos.
El himno con el grito de guerra:
la impotencia que emana de la mas profunda crisis de identidad ancestral.
El encuentro entre dos mundos:
La causa que nació de la liberación ante la invasión extranjera,
ahora se torna liberación de nosotros mismos como país independiente,
el mal que siempre existe y que arrasa con tantos.
Culpando a terceros,
no se admiten errores,
siempre buscando justificación ante la inevitable tragedia,
ocurriendo lo contrario únicamente hasta el arrepentimiento.
Fuímos y a la vez somos lo que juramos destituir por una desdesperada huída hacia la libertad.
Motivados por la crisis de la existencia: conspiraron, lucharon, murieron y destituyeron.
Pelearon aquellos lideres con sus ejércitos muchas veces sin saber a ciencia cierta porqué o para quiénes hacerlo.
Ahora,
la verdad se distorciona por la pluma y voz de aquellos que en realidad si saben porqué y para quiénes lo hacen.
Simplemente,
¿porqué celebar lo que hace tanto tiempo terminó?.
"Sepan que nosotros respetamos a los ausentes, no podríamos cuestionarlos de manera individual o colectiva porque jamás los conocimos personalmente, pero si vamos a comer antojitos, quemar cohetes, tomar hasta caernos, tocar nuestras trompetas de cartón, dar un fuerte grito, despilfarrar hasta el último centavo en desfiles, espectáculos y producciones televisivas será más por diversión y egocentrísmo propio que por "conmemorar" lo que para muchos representó más que una contundente victoria: una inevitable y violenta tragedia.
La guerra muchas veces es necesaria pero no por ello deja de ser trágica. ganes o pierdas, siempre tendrá altos costos materiales y humanos.
Verdadera convicción para conmemorar este bicentenario sería independizarnos de forma personal de aquellos lastres que cada habitante posee como mexicano.
conformismo, ambición, ignorancia, corrupción, violencia, egoísmo, racismo, resignación e indiferencia representan algunos factores importantes en la producción y reproducción del fracaso en nuestra propia historia. ¿sería correcto seguirla escribiendo día a día bajo el "yugo" de estos factores?
En nuestra opinión eso debe cambiar, y si es necesario conspirar lo haremos."
